Por: Javier López Ortega

Escenarios.

Programas nuevos.

En México hablar de ganadería es hablar de vacas, toros, novillos, novillonas, toretes y vaquillas. Sus productos finales son la carne, leche, mantequilla, queso y muchos derivados más. De acuerdo a las estadísticas los mexicanos comemos mínimo 18 kilos y tomamos 68 litros de leche al año. Siendo sólo un promedio en un país lleno de pobreza y marginación, donde la fortuna de 50 ricos más ricos es lo de casi 100 millones de pobres extremos y no tanto. Contrario a Argentina que consume al año 60 kilos de carne o Irlanda que consume 130 litros de leche en promedio al año.

La producción de ganado bovino creció casi un 4% más en nuestro país en 2018, llegando a un inventario de más de 30 millones de cabezas, siendo Veracruz quien encabezó el mercado de producción de carne, seguido de Jalisco, San Luis Potosí, Chiapas y Sinaloa. En producción de leche lo encabezó Jalisco seguido de Coahuila, Durango, Chihuahua y Guanajuato. A nivel mundial México se encuentra en el sexto lugar como productor, casi 10 veces menos que los dos primeros lugares que son Estados Unidos y Brasil.

El sector más abandonado por el Gobierno en los últimos 30 años ha sido el agropecuario, y la ganadería no es la excepción puesto que no hay la detonante que se necesita y competir con otros países en la exportación de la carne y leche. Producir en México para pequeños productores de ganado bovino no es rentable, puesto que dependen totalmente del precio del mercado, de los coyotes y de la poca que estrategia de comercialización, causando una incertidumbre en la actividad. Incluso los grandes ganaderos o criadores no tienen una certeza de que su producción sea exitosa, así sea de ganado de engorda, doble propósito, lechero o para puro rastro.

En mis recorridos en los ejidos, ser productor de ganado bovino es difícil comentan muchas veces mis compañeros, puesto que no tienen acceso a créditos ni subsidios de distintas autoridades. “Una decena de vacas y un semental no es suficiente para ver buena producción y por consiguiente buena ganancia; y peor aún comprar la carne de res para el consumo, tres o 4 veces más cara que el ganado en bulto” El panorama es simplemente desolador para los productores rurales y/o ejidales, aparte de que para vender ahora hay que facturar, pagar contador, pagar al ayuntamiento, a la asociación ganadera, y cumplir con los requerimientos sanitarios como brucelosis y tuberculosis. “Nomás no alcanza y no resulta” replican mis paisanos veracruzanos y de otros estados.

“Muchas veces esas voces te cuentan sus historias de aquel líder que vino a pedir papeles y cooperación para bajar un proyecto a fondo perdido y que jamás regresó, o de aquel político que prometió ayudar y tampoco volvió. En otros escenarios cuando si salió el proyecto pero sólo se comprobó y nos regaló algo para el refresco. Hay historias vinculadas a programas federales y a funcionarios involucrados, quienes sus mentores lo señalaban como garantía de que era real y que el pobre productor cumpliera y al final solo se le apoyara para pagar la factura y para el refresco. O incluso era crédito con alguna financiera y que jamás le avisaron de las responsabilidades y compromisos. El caso que los pobres ganaderos por todos lados salían perdiendo”

En el Gobierno de la 4ta Transformación todavía no hay reglas claras de un programa insignia que el Presidente prometió para ayudar a los pequeños productores de ganado bovino: “Crédito a la palabra” y que según detonará la actividad ganadera. Pese a que se conservó un rubro llamado Fomento Ganadero en el PEF2019, es incierto la permanencia de aquel programa de repoblamiento, infraestructura que la antigua SAGARPA manejó con tanta opacidad. Es claro que los ganaderos de todos los tamaños necesitan del apoyo oficial de las instituciones, llámese asociaciones ganaderas, ayuntamientos, Gobiernos estatales y la Federación. Para resurgir un verdadero desarrollo en la ganadería bovina es tema nacional. Tiempo al Tiempo!

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